La fibromialgia es una condición compleja caracterizada por dolor muscular generalizado, fatiga crónica y otros síntomas asociados, como alteraciones del sueño y problemas cognitivos. Aunque su causa exacta sigue siendo desconocida, hoy sabemos que la inflamación crónica y el estrés oxidativo juegan un papel central en su desarrollo.
En primer lugar, la genética puede predisponer a ciertas personas, especialmente cuando existen antecedentes familiares de trastornos similares. Sin embargo, el entorno y los hábitos de vida son determinantes: el estrés emocional y físico, muy presentes en quienes padecen fibromialgia, tienden a activar y perpetuar los procesos inflamatorios.
Los desequilibrios en neurotransmisores como la serotonina y la noradrenalina también se han vinculado con esta condición. Estos compuestos influyen directamente en la percepción del dolor y se ven alterados cuando la inflamación crónica daña las redes neuronales. De este modo, el cerebro puede amplificar señales dolorosas de manera desproporcionada.
En este escenario, la primera línea de defensa son los antioxidantes endógenos, moléculas que fabrica nuestro propio organismo —como el glutatión, la superóxido dismutasa y la catalasa— encargadas de neutralizar los radicales libres y proteger a las células del daño oxidativo. Cuando estos sistemas naturales se ven sobrepasados, entran en juego los antioxidantes exógenos que obtenemos a través de la dieta, como la vitamina C, la vitamina E, los polifenoles o los sulforafanos. Estos actúan como un refuerzo que ayuda a mantener el equilibrio y a reducir la sobrecarga de radicales libres.
Finalmente, factores hormonales y autoinmunes también contribuyen. Las mujeres, que presentan una mayor incidencia de fibromialgia, suelen estar más expuestas a fluctuaciones hormonales que, en un terreno inflamatorio, agravan los síntomas.
En conclusión, la fibromialgia no se explica por una sola causa, sino por la interacción de predisposición genética, factores emocionales y físicos, alteraciones neuroquímicas y, sobre todo, por el impacto de la inflamación crónica y el estrés oxidativo. Proteger y mantener activos nuestros antioxidantes endógenos es esencial para frenar ese daño interno, mientras que los antioxidantes exógenos de la alimentación funcionan como aliados estratégicos. Juntos, ayudan a reducir la intensidad de los síntomas y a mantener un mejor equilibrio celular.
En la fibromialgia, existe una clara predominancia en mujeres, representando entre el 80 % y el 96 % de los casos a nivel mundial . Además, muchos casos comienzan alrededor de la menopausia: estudios muestran que un porcentaje significativo —entre el 25 % y el 26 %— de mujeres reportan el inicio o un empeoramiento notable de sus síntomas a partir de los 45–55 años, coincidiendo con el periodo menopáusico
Muchos estudios muestran que una proporción significativa de personas con fibromialgia tiene antecedentes de trastornos emocionales, estrés crónico o experiencias traumáticas. Por ejemplo, en estudios comparativos se observa que los pacientes con fibromialgia reportan una prevalencia significativamente mayor de traumas, incluyendo eventos en la niñez, en comparación con pacientes de otras enfermedades como la artritis reumatoide . Otros hallazgos revelan que cerca del 75 % de los afectados han vivido traumas emocionales o físicos, mientras que aproximadamente el 50 % sufre trastornos de ansiedad o depresión al momento del diagnóstico
Los dos factores clave en la patología son el aumento del estrés oxidativo y la inflamación crónica. .Aumentar los niveles de glutatión y reducir la inflamación balanceando los ácidos grasos, puede ser beneficioso para los pacientes con fibromialgia, ya que este potente antioxidante desempeña un papel fundamental en la reducción del estrés oxidativo y la inflamación y a su vez, el buen balance mejora la calidad de la membrana celular, la microcirculación reduciendo la inflamación que es fuente constante de radicales libres al ser aviso para que el sistema inmune envíe sus defensas. El glutatión ayuda a neutralizar los radicales libres y las toxinas acumuladas en el organismo, protegiendo las células y tejidos de los daños que pueden agravar la enfermedad.
Además, en pacientes con fibromialgia, el estrés crónico, la inflamación constante y la dolorosa fatiga aceleran el agotamiento de las reservas de glutatión, lo que podría empeorar los síntomas y aumentar la vulnerabilidad a otras afecciones degenerativas. Al mantener niveles adecuados de glutatión, se puede mitigar la inflamación sistémica, aliviar el dolor muscular y mejorar la función inmunológica, lo que ayuda a reducir los efectos del estrés y la fatiga.
Por lo tanto, recuperar o mantener niveles adecuados de glutatión y reducir la inflamación crónica, no solo puede contribuir a mejorar los síntomas de la fibromialgia, sino también a prevenir el deterioro de la salud general y disminuir el riesgo de que esta condición evolucione hacia enfermedades degenerativas más graves.
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